Sonya Torres. Mujeres Libres

Este jueves 21 de noviembre, Sonya Torres nos habló de las mujeres, libres y revolucionarias dentro del ciclo de charlas / debate del Fem-lo Comú de AureaSocial dedicado a la memoria histórica. La conferenciante es doctora en Historia del Arte y profesora de Historia. Ha sido miembro de investigación y docencia en la UAB y en la Universidad Pompeu Fabra. Como investigadora del anarquismo, ha profundizado en el tema de las mujeres en el movimiento libertario y las «Mujeres Libres» y ha publicado estudios sobre las luchadoras anarquistas Luce Fabbri y Lola Iturbe.

[Fotos de Carolina Zerpa.]

Para Torres, para empezar a entender los inicios del feminismo hay que ir al período de la Revolución Francesa, cuando se solicita la admisión de las mujeres en los Estados Generales, una importante institución representativa del reino, en forma de asamblea convocada por el rey y donde acudían representantes de cada estamento. En este periodo destaca Olympe de Gouges (de nombre real Maria Gouze, 1748-1793), que en 1791 escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana como reacción a la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano que sólo reconocía la condición de ciudadanía a los hombres y dejaba a las mujeres en una situación de inferioridad. Por sus ideas políticas fue guillotinada el 3 de noviembre de 1793 acusada de ser la autora de un cartel girondino.

Sin embargo, la lucha por conseguir que las mujeres pudieran votar duró más de cien años. De esta época hay que hablar de Flora Tristán (1803-1844), escritora y activista social francesa, considerada una de las fundadoras del feminismo moderno (madre de Aline, a su vez madre del pintor Paul Gauguin). Su discurso apela al sentido de justicia universal de la humanidad, en general, y de los hombres, en particular (ya que son los depositarios del poder y la razón), para que accedan a cambiar una situación que acaba volviéndose también contra ellos. «La ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios. (…) En nombre de su propio interés, hombres, en nombre de su mejora, su, hombres, en fin, en nombre del bienestar universal de todos y de todas os compromete a reclamar los derechos para la mujer» (L’Union Ouvrière). Manteniendo la continuidad con el pensamiento de autoras anteriores, Flora Tristán imprime a su feminismo un giro de clase social, que en el futuro daría lugar al feminismo marxista. Fue la creadora de la consigna «¡Proletarios del mundo, uníos» y se convirtió en la primera mujer en hablar del socialismo y de la lucha de los proletarios. De hecho, Karl Marx le reconoció su carácter de «precursora de altos ideales nobles».

Otra luchadora, según explicó Sonya Torres, fue Louise Michel (1830-1905), escritora, poeta y educadora, una destacada anarquista francesa y una de las principales figuras de la Comuna de París, la primera en enarbolar la bandeja negra que, bajo su impulso, se convirtió en el símbolo del movimiento anarquista. Preocupada por la educación infantil, Michel se dedicó a la enseñanza hasta 1856 y desarrolló una actividad literaria, pedagógica, política y activista importante, como lo demuestra el hecho de que participó activamente en los acontecimientos de la Comuna de París en la primera línea de apoyo. Capturada en mayo, fue deportada a Nueva Caledonia, donde su pensamiento se volvió anarquista. Volvió a Francia en 1880, y, muy popular, multiplicó sus manifestaciones y reuniones en favor del proletariado. Era controlada por la policía y fue encarcelada varias veces, pero continuó sin descanso un importante activismo político en Francia hasta su muerte a la edad de 74 años.

En cuanto al movimiento sufragista cabe mencionar Emmeline Pankhurst (Goulden, de soltera; 1858-1928), una de las fundadoras del movimiento sufragista británico, que en 1852 creó la Liga por el Derecho al voto de la Mujer y en 1903 la Unión Política y Social de la Mujer. Sus tácticas la llevaron varias veces a la prisión, donde la alimentaron a la fuerza en el curso de una huelga de hambre. Murió en 1928 después de que en el Reino Unido se aprobara el derecho al voto femenino.

En Cataluña, en el primer tercio del siglo XX, fueron pioneras figuras de la burguesía catalana como Dolors Monserdà o Francesca Bonnemaison, más ligadas a la promoción de las mujeres desde el catolicismo, porque, de hecho, el peso de la Iglesia era muy grande y pesado. Sin embargo, en 1917 mujeres como Carme Karr defendieron el sufragio femenino desde la revista Feminal. Karr, fundadora de la revista, fue también la iniciadora en Barcelona de la ANME (Asociación Nacional de Mujeres Españolas) y fue una de las pocas mujeres en España que se reconoció en las sufragistas británicas y estadounidenses, que se tildaban aquí de poco femeninas y demasiado radicales. El 16 de abril de 1933 votaron por primera vez las mujeres de Canet de Mar haciendo uso del derecho al voto aprobado en la Constitución de 1931, en un referéndum sobre la construcción del mercado municipal. Emília Doménech, maestra y feminista del pueblo, fue una de las principales promotoras.

La ANME fue la organización feminista más importante de la época y del 1920 al 1931 fue muy activa para conseguir el voto. Al inicio de la Segunda República, diputadas como Clara Campoamor y Victoria Kent fueron miembros de la ANME. En los debates parlamentarios sobre la inclusión del sufragio femenino en la Constitución de 1931, Clara Campoamor luchó sola, ya que Victoria Kent se opuso siguiendo la disciplina del partido, es decir, alegando que el voto de las mujeres daría la victoria a los partidos de derechas por estar demasiado influenciadas por la Iglesia. Sin embargo, Campoamor defendió el voto de las mujeres y ganó el sufragio femenino por 161 votos a favor y 121 en contra, el 1 de octubre de 1931.

En las elecciones de 1933 ganó la derecha debido a la división de las izquierdas, aunque siempre se culpó el hecho de que pudieran entonces votar las mujeres –incluso desde las filas anarquistas–, pero luego no se rectificó cuando el Frente Popular ganó las elecciones en 1936. De hecho, en el contexto libertario, las reivindicaciones feministas serán ignoradas de forma reiterada. Para Campoamor, la lucha contra los privilegios masculinos no es una lucha para convertirse en hombres, sino para «conseguir la libertad de ser mujer”. Un cambio significativo, según Sonya Torres, que supuso una revolución y que se adelantó a los tiempos.

Sonya Torres también nos explicó la introducción de la mujer al mundo laboral a partir de la Revolución Industrial, que comportó la incorporación de miles de mujeres con salarios misérrimos y condiciones de trabajo muy duras y que, al mismo tiempo, supuso las primeras huelgas (por ejemplo en 1881 en el sector textil en Cataluña) con el que se pudieron establecer tímidas mejoras, como por ejemplo jornadas de trabajo máximas de 11 horas o 4 semanas de permiso después del parto, además de aumentar la edad de los niños para acceder al mundo del trabajo. Las constantes huelgas a principios de siglos ayudaron a aumentos salariales y reducción de jornada hasta 60 horas semanales (1913) o el inicio de los subsidios por maternidad (1920). De siempre, la incorporación de la mujer al mundo del trabajo asalariado se ha considerado como un trabajo «suplementario», con sueldos que en promedio eran un 40% inferiores a la media salarial masculina.

Dentro del mundo del sindicalismo también se ha tardado mucho para que las mujeres estén en plan de igualdad. Durante mucho tiempo, en el contexto del mundo anarcosindicalista se tenía la idea de que el rol de la mujer era el hogar y hasta Teresa Claramunt no encontramos ninguna mujer que reivindique la igualdad, los roles en la división del trabajo, en la familia y la paridad salarial. El ideal libertario, en este sentido, se contradecía con sus propios principios. De hecho, el 1918, en el congreso de la CNT, no hay ni una sola mujer delegada.

Teresa Claramunt (1862-1931), pionera del feminismo obrerista anarquista, luchadora incansable en el ramo textil en el Vallés, fue una de las fundadoras de la Revista Blanca y defensora de la lucha común de hombres y mujeres contra el capitalismo.

Otra persona que luchó por los derechos de las mujeres, tanto en el mundo laboral como en multitud de aspectos, fue Frederica Montseny (hija, pecisamente, de Teresa Claramunt), la primera mujer ministra de Europa, miembro del comité regional de la CNT- FAI, del grupo de Mujeres Libres e impulsora de lugares de acogida para la infancia, comedores pera las embarazadas o la ley del aborto.

Torres, por otra parte, defendió a Buenaventura Durruti de las críticas que siempre se le han echado encima por el hecho de que obligara a las mujeres que habían ido al frente durante la Guerra Civil a pasar a la retaguardia. Según esta historiadora, Durruti era muy considerado y respetuoso con las mujeres y la orden de retirada respondió a necesidades sanitarias en el frente, ya que al parecer había más bajas por enfermedades venéreas que por disparos.

De mujeres contemporáneas, Sonya Torres citó a Lola Iturbe (1902-1990), una de las fundadoras de Mujeres Libres, autora de Tierra y Libertad.

En cuanto a las perspectivas de futuro, Torres dijo que hay que hacer pedagogía y deseducación para reencontrar la mujer en todo, expulsada desde el sistema patriarcal y la educación machista, y, especialmente, en el hogar con los hijos, donde  de muy pequeños se aprenden modelos y referentes. Ella es muy partidaria también de explorar la creación literaria y artística, especialmente la poesía –que practica – y, cuando es necesario, hacer escraches de instituciones y / o grupos que difunden el mantenimiento del sistema patriarcal. El boicot y las denuncias son importante para luchar en contra de ellos. Considera, igualmente, que el sindicalismo y el cooperativismo son básicos. Finalmente, reivindicó que la mujer debe poder decidir si quiere defenderse ella misma y que la lucha por los derechos deben hacer las mismas mujeres.

 

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