Rehumanización y proyecto de Revolución Integral: Félix Rodrigo Mora en AureaSocial

Es difícil encontrar en la cultura occidental actual una reflexión sobre el individuo. La figura de la persona es importante, ¿hasta qué punto nos implicamos? En la actual partitocracia el individuo no tiene importancia.

 Los académicos llegan a las mismas conclusiones respecto al progreso de la figura del individuo desde los tiempos antiguos a ahora: el sujeto se ha esfumado de las sociedades occidentales. La cultura griega y romana se focalizaba en la noción de virtud, de donde proceden los rasgos más importantes de aquellas culturas: sujeto lleno de voluntad, de autodominio, de inteligencia axiomático-deductivo, de valentía…

 “No puede haber un edificio de calidad (sociedad) sin un ladrillo (sujeto) de calidad”

El sujeto de calidad en el cristianismo es aquel que vive todos los registros del amor, de la forma más completa posible. El cristianismo surge frente al odio, fuerza y totalitarismo de la Roma de su tiempo. Contra tales se genera. En el siglo IV la sociedad romana ya ha aniquilado al sujeto.

 Ya el marxismo (Engels) analiza el cristianismo como un movimiento revolucionario, de amor apasionado por el prójimo. En los esenios, primeros cristianos, vemos esta voluntad.

 Si seguimos adelante nos encontramos con un beato de Girona en que se introduce la noción de sujeto bipartito. El discurso narcisista-victimista es combatido con esta noción. Con la bipartición se asimila que no solamente se es víctima, sino que también se colabora con el opresor.

 Con la filosofía francesa se dijo algo terrible: el ser humano educable (por el estado). Lo vemos en el libro “… del estado”. El ser humano no puede ser educado desde fuera, sino que debe educarse a sí mismo. Por ello debemos estar en contra de un diseño de curricular escolar para todos los súbditos de un estado.

No debemos entenderlo como “ser educable” sino como “ser des-educable”, pues se impide la natural educación del ser humano.

Ello se agrava con el marxismo (que parte de “Los principios matemáticos” de Newton y su explicación del cosmos como una relación de leyes y determinismos naturales). A partir de aquí se esconde la idea del sujeto. No debe negarse la dimensión individual del ser humano, que siempre va aparejada a la dimensión colectiva.

El marxismo defiende un progreso positivo, de “ir siempre a mejor”. Félix considera que frente a la historia debemos tomar decisiones y crear nuestra historia (Historia decisionista).

 El furor politicista del estado respecto a la vida humana es una propuesta totalitarista, de creación de leyes elaboradas para ser impuestas y actuar de forma coercitiva.

 La política es siempre insuficiente, y el pueblo ya responde con su desilusión. Así como el economicismo. Debe “edificarse el sujeto”, situarlo como sujeto (y no como objeto) como se le supone. Esta revolución debe estar fomentada en un consenso social: un sujeto que se esfuerza y se construye.

Necesitamos un sistema axiológico (de construcción sobre unos valores, como el colectivismo). También una noción de libertad básica. No debe vivirse en una sociedad cuyas ideas se imponen por la fuerza, pues estas siempre serán rechazadas en el fuero interno. Debe ser un desarrollo creciente, al contrario que el acto del estado que busca el no desarrollismo y el impedimento del saber y el conocimiento en convivencia. Estas serían las características de una sociedad nueva.

 Los poderes fácticos de la actualidad tienen un poder mayor que nunca, por lo que debe empezarse a construir la calidad del sujeto. Ahora somo homo docilis y laboralis.

Las soluciones politicista y economicistas son limitadas. El sujeto actual es construido desde arriba, y no desde la familia como antes. Hoy día la universidad desestructura al sujeto, lo destruye.

 Los procesos de trabajo o capitalismo del siglo XIX no eran tan terribles como los actuales. Con la introducción de los procesos mecánicos no sólo se buscó una mejora de la producción sino una disminución de la solidaridad y autonomía del trabajador respecto a su tarea.

 Un texto interesante es el trabajo “Trabajo y capital” de Bravenham. “¿Qué quedad de la voluntad? ¿Qué queda de la inteligencia o la sensibilidad”? (Se ríe)

 El desamor y el odio, ya lo vieron los cristianos, es el objetivo del patrón para destruir al colectivo trabajador y condenar al ser humano a lo individual. Vivimos en una sociedad profundamente insociable. Uno de los punto imprescindibles es eliminar cualquier poder que busque nuestra atomización (puede leerse a Tocqueville).

 Maquiavelo nos explica una sociedad en la cual haya axiología y valores, el estado no puede existir. Lo resume en “Conviene que sean malos (el pueblo)”, pues permite al Estado intervenir como policía y terapeuta. No tiene sentido pedir más o menos ayuda al Estado, sino plantearse qué legitimidad tiene para decidir sobre nuestras vidas.

 Recordando a Plutarco, antes que vencer por azar, es más interesante vencer por virtud. Aunque no hubiera un victoria “política” si habría acontecido una mejora del sujeto.

 Simone Weill fue una profesora de filosofía que decidió trabajar en una fábrica, ampliando el conocimiento de un pensador, a través de la vivencia en las propias carnes de la vida laboral. Muy recomendables son sus escritos.

 Hay muchos más elementos de la destrucción del sujeto: la publicidad.

“Industrias de la conciencia” es un libro que nos descubre esta expresión. La tesis defiende que no puede haber una industria de la conciencia en una sociedad libre. ¿Si la conciencia es una producción industrial…?

 Tenemos que hacer un meta-análisis, una sociedad no puede imponer una idea del bien, ni ser una forma de adoctrinamiento: ni publicidad de conciencia ni de política. De ahí surgirá un sujeto de calidad.

 Las utopías sociales del pasado se basaban en triturar la idea del bien de las sociedades contemporáneas.

La creación del “sujeto insociable”. Nietzsche presenta un sujeto muy fuerte… contra el otro. La realización del yo se fundamenta en la destrucción del otro: ese es un fallo estructural de su filosofía. Golpear al otro es golpearse a sí mismo. El yo es una creación colectiva, y debilitar al otro es debilitar al propio ego/yo. Si se introduce una ideología de la insociabilidad, se considera al otro como enemigo, luego a uno mismo.

 Otra destrucción es el sujeto occidental por el odio cultural.

Las fuerzas que nos dominan están muy interesadas en destruir al sujeto occidental, Sontag espeta “occidente es el cáncer del mundo actual”. Lo positivo de nuestra cultura occidental debe ser preservado. No podemos aceptar este auto odio y esta voluntad de derrumbe.

 Otro factor es la pérdida de trascendencia del ser humano. Lo económico destruye la trascendencia. Se educa al ser humano como herramienta y se promociona aquellas habilidades que demanda el mercado de trabajo.

Los fines, metas y propósitos son esenciales. Y hoy día vivimos con fines que esclavizan.

 La Revolución Integral concibe al ser humano como totalidad finita. Incorpora una transformación económica que considera la dimensión axiológica del ser humano: la producción debe servir a un fin (trascendente). Una sociedad que se defina por la libertad de conciencia impide una sociedad capitalista. Que el trabajador sepa que labora por un motivo, con un objetivo, para la construcción de un proyecto. Tenemos que valorar la cultura occidental.

 No podemos limitarnos a reformas o logros “posibles”. Lo humano está en uno de los peores momentos de su historia. Deben asumirse, no sólo las cuestiones del día, sino asumir un proyecto holístico que cubre los próximos años y decenios.

 Debemos tener un idea de transformación, de llegar a ¿medio millón de personas?, que no se limite a un grupúsculo o pequeño colectivo. El reto es remover las consciencias y pensar “a lo grande”.

El proyecto será tan grande como se enfoque y este hará tan inmensos a quienes estén en el movimiento como lo conciban. No puede renunciarse a la “grandeza”, pues es la que mantendrá en pie la revolución.

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